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Una falsa expectativa.

Mi familia parecía normal con un sistema de comunicación para lo trivial y del día a día. Yo me ocupaba de coordinar y mantener mi casa arreglada, limpia y proveyendo lo que se ameritaba. Mis hijos en sus estudios, pero yo sin conocer sus emociones profundas ni sus inquietudes propias de cada edad. Mi esposo alcohólico, en su mundo de trabajo y supuestos compromisos laborales. Cuando llegaba del trabajo temprano solo conversábamos de nuestros hermanos, padres y amigos…pero no de nosotros y de los hijos, solo sus estudios y cosas ligeras…a él no le gustaba intimar en las conversaciones…me tocaba guardarme todo, luego, yo me hablaba y me daba respuestas. Disipaba mis miedos, tristezas y sueños con visitas y reuniones familiares que a menudo realizaba.
Llegué a Al-Anon cuando ya la cirrosis hepática de mi esposo estaba declarada y su diagnóstico eran tres meses de vida. Siempre creí que mi amor y un hogar con hijos lo sacarían del alcoholismo, hice de todo…perdí una guerra que creía iba a ganar. Me sentí derrotada, y de pronto me di cuenta el tiempo que había pasado en esa lucha. Mi hija, insistió en que asistiera a Al-Anon que me hacía falta, que yo no estaba bien. Por primera vez vi que mi hija había crecido al punto de aconsejarme. El tiempo había pasado y yo no me daba cuenta. Llegué a Al-Anon en el momento justo para sostenerme en los meses que él estuvo en cama, hasta su partida. Saber que el alcoholismo era una enfermedad me respondió demasiadas preguntas sin respuestas que tenía en mi cabeza. Así también, darme cuenta de mis errores ante la enfermedad. Mis compañeras me sostuvieron hasta el final, fue un apoyo hermoso. A la vez, las reuniones, lecturas, experiencias compartidas me hacían conocer y aceptar, que de ese desenlace,… no podía hacer nada.
Pasaron varios años en recobrar mi sano juicio. Continué asistiendo a las reuniones de Al-Anon, a pesar de que mi esposo alcohólico ya no estaba. Cada vez me daba cuenta que yo no estaba bien. Que en Al-Anon estaban saliendo a relucir demasiadas cosas escondidas de mi niñez, de mi supuestos años normales de matrimonio, no lo fueron…lloré mucho. A la vez, se estaba despertando un ser humano tranquilo, sereno….y feliz. He orado y meditado para que mi Dios se encargue de mis errores, de mi ausencia afectiva con mis hijos. Recobré la relación con ellos. Hoy, soy su amiga y consejera. Al-Anon tiene un programa para todo. Ya con los años me he dedicado al servicio y cada vez que miro hacia atrás rezo la Oración de la Serenidad y me calmo.
Anónimo -Venezuela

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