La alegría ilumina el corazón
Llegué confundida buscando ayuda para mi familiar alcohólico cuando se me abrieron las puertas de los Grupos de Familia Al-Anon. Allí encontré una cálida bienvenida y una invitación para asistir y compartir mi experiencia, empecé a escuchar con los oídos del alma y fui encontrando serenidad, a tener un poco de cordura ya que mi vida era ingobernable, vivía llena de angustia, dolor, miedo y rabia siempre pensando que algo malo pasaría, por eso para mí los fines de semana eran de mucha incertidumbre y temor, no disfrutaba un paseo menos una fiesta porque ahí estaba la sombra del alcohol y al tratar de controlar y manipular la situación terminaba agotada y frustrada por creer que yo tenía el control, pero que equivocada estaba. Empecé a utilizar las herramientas que me ofrecía el programa de Al-Anon y una de ellas fue la asistencia a las reuniones, para mí fue muy importante porque he ido aprendiendo a trabajar mis defectos de carácter y a controlar mis emociones, a tener conciencia propia y no ocuparme de los demás.
Me ha costado aceptar que el alcoholismo es una enfermedad de contagio familiar, que no se cura pero se detiene siempre y cuando el que la padece decida buscar ayuda, me consuela pensar que no la causé, no la puedo controlar y no soy responsable. He logrado tener compasión y entender que no por ser madre, hija o esposa tengo el derecho de controlarlo todo, y que mediante mi cambio de actitud y el desprendimiento con amor como sugiere el programa, puedo lograr mi bienestar emocional al igual que asumir con alegría cualquier servicio en mi grupo y esto me da un sentido de pertenencia porque es allí donde encuentro la importancia de dar al que escucha y aplicar lo aprendido.
Al-Anon para mí ha sido una filosofía de vida, un programa espiritual que me ayuda a conocerme y a mantenerme anclada en el presente, no puedo cambiar el pasado y no puedo conocer el futuro, así que sólo tengo que vivir el presente y a aceptar lo que no puedo cambiar.
Neri – Venezuela