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Mi felicidad depende de mí

Cuando era niña sabía que algo terrible sucedía en mi casa y también sabía que ese “algo” estaba relacionado con la bebida de mi madre, pero yo no sabía que eso era alcoholismo.

Vine por primera vez a Al-Anon cuando tenía 28 años para aprender a manejar la sobriedad de quien entonces era mi esposo, sin darme cuenta de que yo misma necesitaba ayuda. Estar consciente de que yo necesitaba ayuda no me hubiese servido de motivación, ya que mi autoestima se medía por lo tanto que otra persona me amara. Si esa persona no me amaba, ¿cómo podía yo tener algún valor? Al estar en Al-Anon, poco a poco comencé a ver los efectos que el alcoholismo tenía en mi vida desde el principio. Había pasado gran parte de mi vida sintiéndome responsable de todos, particularmente de los más allegados a mí y en especial de mi madre. Soltar las riendas de los demás era algo desconocido porque no sabía dónde terminaban mis responsabilidad y dónde comenzaban las de los demás. En Al-Anon aprendí que yo era responsable de mi propia felicidad.

Relatos de Al-Anon de hijos adultos. Pág. 9

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