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Nos enfrentamos a la incertidumbre y a las crisis.

Cuando se vive en medio del alcoholismo activo, a veces la vida pareciera ser nada más que una crisis tras otra. De hecho, nos podemos acostumbrar tanto a vivir en ese entorno de crisis, que nos sentimos incomodos si no hay caos a nuestro alrededor. Cuando encaramos una crisis o una situación traumática, muchos desarrollamos la habilidad de reprimir nuestros sentimientos. Con frecuencia lo que sentimos pasa a un segundo plano durante la crisis. Puede ser que poco a poco hayamos perdido el contacto con la capacidad de aceptar nuestros sentimientos. Un primer impulso tal vez sea reaccionar de inmediato en lugar de hacer una pausa para considerar nuestras opciones. Podríamos inclinarnos a percibir pequeños incidentes como si fueran grandes catástrofes.

Abramos el corazón, transformemos nuestras pérdidas. Pág. 26

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