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Al dar, recibimos

Una amiga comenta acerca de una experiencia que le abrió los ojos sobre el sitio que Al-Anon ocupa en su vida. Una tarde se sentó a deliberar entre si asistía a una reunión o se quedaba en casa. Hacía mal tiempo,  se sentía cansada y podía pensar en proyectos que parecían apremiantes.  En el momento en que decidía que quizás se quedaría en casa, se le vino a la mente una idea sobre Al-Anon: Aquí es donde los corazones se alivian. El pensar simplemente en eso le dio la motivación que necesitaba para dejar al lado sus preocupaciones y asistir a una reunión.

Pienso en la historia de mi amiga cuando dirijo mis propias deliberaciones sobre si puedo o no hacer el esfuerzo de ir a una reunión.  A veces, por supuesto, mi decisión es fácil:  De veras  siento la necesidad o simplemente sigo los planes del día sin pensarlo dos veces. Entonces, de nuevo, hay días en que mis planes se derrumban casi antes de levantarme.

Una práctica simple que he utilizado a través de los años para mantener la disposición de asistir a reuniones es asumir el compromiso de realizar una tarea relacionada con el grupo, ya sea servir café,  exhibir publicaciones, actuar de Tesorera u ocupar el cargo de Secretaria. (Evidentemente, el estar de acuerdo en hablar en una reunión es también un excelente incentivo para asistir).  De esta forma, elimino todas las deliberaciones sobre si cuento con el tiempo, la energía o la disposición de asistir simplemente reconociendo que tengo una tarea que realizar. Cuando realizo la tarea escogida, estoy segura de que pertenezco a una agrupación en la que los corazones están recibiendo alivio sin importar que sea de manera imperceptible.

Cuando estoy ocupado me siento mejor. Pág.  7

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