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Mi padre como excusa

Cuando era más joven, pensaba que era normal que la gente bebiera, pero después de un tiempo descubrí que mi padre bebía demasiado. Me refugie en casa sin ánimo de hacer amigos porque sentía temor que ellos descubrieran que mi padre era un alcohólico. La escuela no me interesaba; no salía a ningún lado porque no tenía con quien salir y además nada me importaba. Odiaba la escuela y la escuela parece que me odiaba a mí también.

Tenía, sin embargo, una amiga que vivía con un problema de alcoholismo en su hogar y que comprendía lo que yo sentía. Al tener una larga charla con ella me di cuenta que yo estaba utilizando el problema de alcoholismo de mi padre como excusa porque sentía temor de tratar de cambiar mi actitud. Mi padre se escondía detrás de la botella y yo me escondía detrás de él. Yo quería conocer a otros jóvenes, ir a fiestas y divertirme y sabía que no siempre iba a tener a mi padre tras quien poder esconderme y que era necesario enfrentarme al mundo tal cual era; una chiquilina que sentía mucho temor. Tenía que cambiar mi actitud, la forma de decir las cosas, mi apariencia personal, en una palabra, tenía que cambiar y sentir interés por la vida.

Entré a Alateen y ahora soy feliz: saludo a las personas que conozco, cuido de mi apariencia y llevo una vida social. Mi padre ya no bebe, aunque no pertenezca a Alcohólicos Anónimos, y mi madre, que es una persona maravillosa, asiste a Al-Anon. Ahora, formamos una verdadera familia y nos comprendemos mejor.

Alateen esperanza para los hijos de los alcohólicos.  Pág. 84

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